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martes, 11 de noviembre de 2014

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“Chile ha entrado en Crisis con sus propios éxitos”
     
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Equipo Cosas
3 noviembre, 2014
Entrevista, Política

La crisis de los ingresos medios es lo que para López Murphy explica el momento chileno, que si bien no lo encuentra bueno, comparado con lo que ocurre en su país, no le parece grave.


Por: Ignacio Ossa / Fotos: Bárbara San Martín



Mientras Argentina pasa por uno de los peores momentos institucionales del último tiempo y cada día ve surgir una nueva crisis, el economista, ex ministro y ex candidato Ricardo López Murphy estuvo de paso por Chile. Invitado por la Fundación para el Progreso, vino a dar una serie de conferencias sobre lo que sucede en su país y entregar también su opinión sobre Chile. Una lectura que, como bien cree él, puede sonar medio rara, porque lo que siente López Murphy no es sino admiración por nuestro país, por nuestro modelo, nuestra educación, nuestros índices de pobreza.
Ya no usa el espeso bigote que tenía en la época de De la Rúa, ya no tiene que andar dando explicaciones y está alejado de la política más contingente. No pretende ser él quien lidere a la oposición. Está muy lejos de eso, pero no deja de plantear sus puntos de vista en forma clara. Sobre lo que pasa tanto en Chile como en Argentina, Venezuela o Bolivia, López Murphy tiene su película clara. Acá, dice, el modelo funciona bien y es la razónpor la que nuestro país se logró despegar del resto de la región en cuanto a crecimiento económico y modernización. “Si uno mira los indicadores de pobreza y aumento de la cobertura educacional, y sobre todo en la calidad de la educación, la distancia es muy grande. Cuando comparamos estas cifras con las argentinas, uno queda impactado. Hasta hace no mucho, nosotros llevábamos una gran ventaja y ahora perdemos en todo. Muchos sectores de mi país admiran la performance de la organización chilena”, comenta el economista. Pero, pese a las loas que lanza sobre nuestro sistema, también advierte que hoy atravesamos por la famosa crisis de los ingresos medios, donde un país debe tomar opciones: “Continuar por el mismo rumbo hasta llegar a niveles de países avanzados, o bien se hace una pausa y le inyectan un carácter idiosincrático a esto”.
–Pero es un proceso no menor, que marca de manera casi definitiva el futuro del país.
–Están en ese proceso. Chile ha entrado en crisis con sus propios éxitos. No cambiaría lo que funciona, porque nunca hay que arreglar las cosas cuando andan bien.
–En Chile muchas cosas no andan bien y es en eso donde este gobierno pretende introducir reformas. Puede que existan distintas  maneras de llevarlas a cabo, pero los sectores están identificados.
–En el tema educacional, la matriz que tienen necesita correcciones, incentivos para mejorar las escuelas municipales, la calidad de la enseñanza, ampliar el rendimiento en pruebas internacionales. Se necesita un esfuerzo de calidad y nivelación. Yo hubiera fortalecido lo que había, subsidiando la demanda y con énfasis en la recuperación de los sectores más atrasados. La estrategia del gobierno es otra, influida por ciertos conceptos que no comparto.
–¿Hay una derrota del ideario liberal en Chile cuando vemos que se están imponiendo otras maneras de hacer frente a los problemas ocasionados por el modelo económico?
–No lo creo. El mecanismo de subsidiar la oferta sin discriminar, que es lo que se ha hecho en Argentina, ha dado pésimos resultados. No puedo entender cómo acá pueden querer nuestro modelo que ha sido una catástrofe. Hemos gastado mucho dinero en educación y estamos con resultados cada vez más malos. Si el modelo a seguir somos nosotros, sepan que en universitaria, primaria y secundaria es todo un desastre. Hay mucho desperdicio, mucha incapacidad, no puedo entender que crean que eso funciona.
–¿Qué posición le asigna a Chile en la región, cuando hay países que van creciendo mucho más fuerte y acá se vive un período de estancamiento?
–Eso ocurre hace muy poco. Yo he visto caer la inversión en Chile sólo hace seis trimestres. Eso es en parte un tema regional y también por el sacudón de las reformas que genera desconfianza , lo cual no es bueno. Hubiese tenido mejores consecuencias haber consolidado lo que venían haciendo. No hubiese caído la inversión y estarían mejor. El rumbo de las reformas del gobierno tiene el costo de la desconfianza.
–Usted viene de un país donde las instituciones hace ya un buen tiempo pasan por una gran crisis de confianza. ¿Cuánto pierde Chile con este clima?
–Esto no es irreversible. Hay un tufillo de discurso anti capitalista, anti empresario, no desde el gobierno, sino que en el clima de la opinión pública, y eso no le hace bien al país. No hay más alternativas a esto. Lo que se discute es la manera de obtener mejores resultados con los recursos que se están comprometiendo y mi sensación es que se están arriesgando a tener un problema innecesario. Entiendo la ideología y los prejuicios, sin embargo, con pequeñas reformas acá hubiesen logrado un éxito muy grande sin imponer el temor a parecerse a otros países de América Latina.
–¿Lo dice por los sectores políticos que miran con simpatía a Venezuela?
–Eso es increíble. Eso es una catástrofe en toda la línea. Venezuela es un país riquísimo, que vive como un africano pobre. Es un país que ha destruido su producción, su inversión, el funcionamiento, generando una crisis social de una envergadura extraordinaria. Si alguien aquí ve con admiración a Venezuela, yo estaría muy preocupado.
 
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UN NEGRO FUTURO
–¿Qué avizora para Argentina en los próximos años?
–Una crisis creciente. Tenemos un problema muy grave de pagos externos, un serio problema de inflación y capitalización. Vivimos una tremenda crisis energética, que al igual que la venezolana, es inexplicable con los recursos que tenemos. Hemos reventado la industria de la carne que era fantástica, se ha dañado la inversión. Me da la sensación que la descapitalización en que hemos caído nos va a obligar a un enorme esfuerzo que, de empezar a hacer las cosas bien, duraría muchos años.
–¿“Hacer las cosas bien” qué significa en Argentina?
–Parecerse al modelo que Chile siguió en los últimos 25 años.
–¿La clase política argentina está en esa línea?
–Hoy están desconcertados. Acá hay un gran prejuicio a la locura que hicimos. Fíjese que Aerolíneas costaba cuatro mil millones de dólares de pérdida, porque eso pagó British a Iberia. Los desastres son abrumadores y están en la crisis eléctrica, petrolera, gasífera. Todo el mundo habla de Evo Morales, pero su éxito es en parte nuestro, ya que le compramos gas a precios extravagantes, porque no invertimos y nos quedamos sin gas. Nuestra clase política compró ese sueño colectivista y ha resultado ser una pesadilla.
–¿Sienten el fracaso los políticos argentinos?
–Sienten el fracaso, pero no saben bien cómo reaccionar. Tienen que hacer un viraje conceptual dramático. Acá está mal el relato y el modelo.
–¿Se puede construir un nuevo relato?
–La dificultad que tiene la posibilidad de un nuevo relato es que la población también lo compró y la frustración es muy grande. Es como tener fe en un ser superior y luego descubrir que no existe. Te preguntas cómo nos metimos en este zafarrancho, si todo esto era falso y un fracaso. Nosotros vemos esto como un multicine: la película de Venezuela es a la una y la nuestra es a las cuatro. Esto es desesperante.
–¿Se instauró la cultura de la flojera y la corrupción permeando a la sociedad?
–Hemos tenido todos los perjuicios de un gobierno centralista, autoritario, sin control ni balance. Pasó lo que dice la teoría política desde hace 200 años. Cuando llega el caudillismo ocurren atrocidades.
–Eso permea la sociedad.
–La que se entusiasmó en esta locura fue la sociedad argentina. Nuestros dirigentes son un síntoma de ese problema. Dar vuelta es complicado, porque la gente tiene una frustración luego de haberse comprado el relato.
–¿Existe alguien en la oposición capaz de hacer el viraje?
–Parte del problema es que la oposición está fragmentada. El oficialismo ha fracasado como proyecto. No tiene sucesión ni argumentos. Creo que tienen miedo de enfrentarse a una sociedad que ha sido adoctrinada en otra explicación de los problemas. Por ejemplo, está claro que tenemos un problema de financiamiento externo, para lo cual se ha desarrollado una narrativa en torno a los buitres. Ahora, veo que hacen un esfuerzo por convertir a los buitres en ruiseñores. Todo es parte de la locura colectiva.
–Ante la urgencia que vive el país, ¿no hay capacidad de rearmarse y hacerle frente al oficialismo?
–El mayor riesgo que tenemos no es la crisis externa, la cesación de pagos, la descapitalización, la crisis energética, el desempleo… todo es menor comparado con el problema de gobernabilidad. Para resolverlo, necesitamos entender que necesitamos tener una coalición amplia y un programa de gobierno. Pero cómo la sociedad se va a predisponer para un giro tan grande, luego de embarcarse en la locura innecesaria. Lo que necesitamos es un Patricio Aylwin y un Edgardo Boeninger para cohesionar a un amplio espectro de la política y no exponer al país a una crisis de gobernabilidad.
–¿Cuándo perdió el rumbo Argentina?
–Argentina interpreta muy mal la crisis de 2000-2001. Esa crisis la sufrimos porque en los ’90 se hicieron reformas sin el orden macroeconómico necesario. Tuvimos más acumulación de deuda de lo razonable y eso explicaría un tercio del problema. Lo principal fue el shock externo. Se nos derrumbaron los precios de los commodities, subieron las tasas de interés, nuestro vecino, Brasil, con una economía cinco veces más grande, produjo una brutal devaluación y eso nos puso en un apretón que la sociedad argentina no pudo entender y demonizó las reformas. Esto nos llevó a adoptar medidas disparatadas que en ninguna parte del mundo se han hecho. Se desarmó todo y donde busques hay un caos. Hoy exportamos menos carne que Uruguay o Paraguay. Destruimos la industria frigorífica.
–Con todo eso, ¿qué le parece que el oficialismo comience a levantar la figura de Máximo Kirchner?
–Yo no creo en eso. Pero él sí es una persona influyente en el círculo del poder que ha salido a la luz. Me parece bueno para el país que sepamos lo que quiere y lo que piensa. Es bueno que salga de la oscuridad una persona que es tan importante en la toma de decisiones y que no esté todo el tiempo como un Rasputín.